¿Que esperar?

Este un Periko, el mismo del País Perikense del Yayo (Perikense.blogspot.com), que emprendió un viaje por diferentes ciudades de USA y Australia. Acá mis vivencias, no tanto para que ustedes las lean sino para dejar constancia a mí mismo de lo que viví. Si en unos cuantos años me da Alzahimer por favor me muestran este blog.

sábado, 3 de agosto de 2013

Caracas-Atlanta-Houston

Despertarse a las 3:30 AM para montarse en un taxi a las 4 nunca es divertido, menos si voy con mi papá (siempre nervioso en los viajes) y mi sobrino de 7 años emocionado porque se iba a montar en un avión y a ver a su papá después de un año. Eso es el coctel para perder la paciencia. Yo en el medio de ellos, de niñero de un niño de 7 años y de un viejo necio, nervioso y terco de 62 años. Yo se que voy a ser igual a mi papá. Lo sé.

Todo sin atrasos, una pequeña retención por la autorización de mi sobrino viajara sin sus padres pero nada mas, yo respirando profundo para calmarme pero sin mucho inconveniente. El avión super tranquilo. Al llegar a Atlanta comienza a manifestarse la ansiedad de mi sobrino de ya querer estar en Houston con su papá. Mi padre por otro lado asustado por la inmigración. En esa cola (bastante larga) surgió entre mi sobrino y yo un juego llamado "apapacho" donde nos abrazamos pero meniandonos y jugando. Fue la solución a su ansiedad y la forma de calmar a mi papá que se molestaba por la inquietud de mi sobrino.

En inmigración todo bien, nos toco un tipo medio antipático, el llamó a un traductor al ver que ninguno dominada al 100% el inglés. Éramos 2 traductores, el de inmigración decía en inglés, el traductor nos decía en español y yo le decía a mi papá (2 o 3 veces hasta que escuchara/entendiera) lo que decía el traductor. Mi papá respondía en su inglés machucado. Mi sobrino se mostró bastante tranquilo, le pedí encarecidamente que se quedará quiero durante la entrevista.

Después de pasar esa alcabala todo fino hasta Houston, sin contratiempo, dormimos en ese vuelo. Al llegar a Houston mi hermano nos hizo esperar 5 minutos hasta llegar. Tenía 2 años sin verlo, pero mi hermano quería abrazar era a su hijo, totalmente entendible. Mi papá me mandó a poner el equipaje en la maletera, pero yo quería abrazar a mi hermano primero. Mi cuñada, siempre amable y genial, nos recibió con una sonrisa dentro del carro, como no queriendo robar protagonismo en ese momento padre-hijo, hermano-hermano, padre-hijo.

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